Nos dirigíamos a Praga por una carretera secundaria y nos topamos con un pueblo amurallad que se llamaba Terezin; casi al final del mismo vimos una gran estrella de David sostenida por un montículo de piedras. Fue impactante: Terezín sirvió de ghetto judío y posteriormente lo utilizaron los nazis como campo de concentración. Allí hay cientos de tumbas que aún no han sido identificadas. Seguimos viaje hacia Praga con el alma encogida, y mientras oía el murmullo del motor en la carretera surgieron estas palabras:

Edificios descascarillados

y murallas que se hunden en el jardín.

Calles desiertas y una carretera ondulada.

Rayos de luz que atraviesan los manzanos

y resbalan sobre las hojas del otoño que avanza.

Mis ojos se elevan desde la tierra desnuda;

los cierro entre las lápidas, al dejar Terezin.

Quiero sentirme como estas nubes

acariciando el cielo claro,

moviéndome hacia el horizonte

sin rumbo final.

O quizás ser parte de esta bandada de pájaros,

que pasa aleteando libertades

que no volverán.

Recent Posts

DEJA TU COMENTARIO