¿Alguna vez te ha pasado de leer tus textos y sentir que los escribió otra persona?

A mí me ha ocurrido muchas veces. Y eso que me gustaba escribir desde pequeña. Pero cuando comencé a estudiar Periodismo, siempre encontraba excusas. Siempre estaba esa voz. Quién era yo para decir algo. Quién me iba a escuchar. No sabes de lo que estás hablando. Hay gente que sabe más que tú.

Enfrentarme al cursor parpadeante empezó a ponerme nerviosa. Era un desafío sacarse las palabras de la cabeza y, a veces, cuando finalmente lo hacía, eran las equivocadas. 

Algunos dicen que sentarse a escribir es ganar la mitad de una batalla. La otra mitad es poder poner palabras en una página. Por eso, es muy fácil dejar la escritura para más tarde. Pero ya sabes cómo va: «más tarde» se convierte en «nunca», y luego no escribes.

Todas las semanas me prometía que iba escribir más. Pero el intento me duraba tres días y abandonaba.

Si seguía “intentando” escribir todos los días, iba a tener un problema

Tenía que hacer algo diferente. No iba a escribir más y mejor, a menos que hiciera un cambio.

Necesitaba obtener resultados visibles en mi escritura. Así que me comprometí por treinta días a escribir lo mínimo viable y convertir todas mis en acción.

Nunca he sido muy amiga de las fórmulas mágicas o recetas exprés. Pero sí creo en el compromiso con lo que hacemos día a día. Podemos cambiar nuestros hábitos, solamente si queremos hacerlo.

Creando una rutina diaria pude desarrollar mi propia voz y gestionar de mejor manera el tiempo frente al teclado. Y así, trabajando día tras día, empecé a sentirme mucho más segura de mis textos.

Hoy ayudo a otras mujeres a escribir mejor para compartir su talento con las personas y construir mejores relaciones en el mundo

Ojalá nos crucemos algún día. Mientras tanto, en el mundo digital ...

Sobre mi formación

En la escuela secundaria nunca prestaba atención a las clases de matemáticas. Al parecer, estaba más a gusto en el mundo de las palabras. Creo que tengo un lápiz en la mano desde que estaba en pañales. Las cosas no han cambiado… aunque ya no estoy en pañales.

Cuando comencé en la universidad quise dedicarme al Periodismo. Luego de los primeros pasos como redactora, me desencanté de la profesión y decidí estudiar Comunicación Social. Durante años trabajé con organizaciones e instituciones ayudándolas a implementar sus estrategias de comunicación.

En 2009 gané una beca de estudios y me mudé a España para realizar un máster en Campañas Comunicacionales en el Tercer Sector. Y mi vida cambió para siempre.

Aquí me formé como copywriter profesional y redactora web y me especialicé en negocios digitales en la Escuela Nómada Digital.

Mi lado más personal

Cuando nací, en Argentina, mis padres me dieron el nombre de un personaje literario: Marianela. 

Viajando es mi gerundio favorito. El momento de mayor felicidad es cuando preparo mi maleta para conocer un nuevo destino.

Siempre a salir de mi zona de confort, aunque a veces me diera un golpe por ello. He vivido en más de siete ciudades diferentes del mundo. Y estoy agradecida, porque en cada una de ellas aprendí que, a pesar de las diferencias, hay un hilo invisible que nos une a las personas.

Más de una vez he pasado por antipática por mi timidez. Ésto mucha gente no lo sabe.

El agua es mi elemento favorito. De pequeña me pasaba todos los veranos con los dedos arrugados de tanto estar en la piscina. La natación me enseñó a ser paciente conmigo misma y disciplinada para cumplir mis metas.  

Me encanta vivir cerca de la naturaleza, aunque a veces extraño el caos de Buenos Aires. Hoy tengo mi campamento base en las afueras de Granada. Y estoy feliz de haber tomado esa decisión.

Todos podemos ayudar a construir un mundo mejor

Soy muy afortunada de vivir de lo que me apasiona, y creo firmemente en retribuir. Por eso, ofrezco una ASESORÍA GRATUITA exclusiva para organizaciones sociales una vez al mes. Si necesitas que colabore con tu organización, puedes contactarme.