Vi una nube gigante acercarse desde el sur. Era un dragón de felpa deshilachándose en el cielo, tenía las cuatro patas hacia atrás, como si nadara en el aire, el cuello casi desaparecido y su rostro, desfigurado, se había convertido en un cúmulo de nubes diminutas. Apenas pude distinguir una oreja, la derecha, la forma alargada de su cabeza, y un último respiro de su hocico, que se iba convirtiendo en espuma. En unos minutos perdió su pescuezo completamente y su cuerpo quedó atrás, decapitado. Detrás del animal se divisaba en el horizonte una manada de dragones blancos, silenciosos, etéreos, que movidos por el viento avanzaban hacia el norte.

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