La voz narrativa

Para comprender qué es la voz narrativa, debemos entender a qué nos referimos al hablar de narración. Una narración es el proceso través del cual se enuncian los contenidos de una historia. Al contar una historia lo primero que aparece es el narrador. No hay que confundir al escritor con el narrador. Como escritor@s, tenemos que construir ese narrador, ya que será el puente de comunicación con nuestro lector. Por eso, se utiliza al narrador como un recurso para dotar a las historias de una magia especial, de una forma específica de transmitir el relato y una manera peculiar de contar.

¿Cómo puedo elegir, entonces, la voz del narrador para mis relatos?

Cada historia puede ser contada de múltiples formas. Esas formas son las voces que construimos. Muchas veces debemos experimentar con varias hasta encontrar la voz adecuada para nuestra historia, ya que ésta es muy importante para la esencia de nuestro relato e influirá en la manera en que presentemos al lector ese mundo inventado.

Según Gerard Genett, hay dos actitudes narrativas al contar nuestro relato:

Hacer contar la historia por uno de sus personajes.
Hacer contar la historia por un narrador ajeno a la historia.

Es decir, tenemos una voz narrativa que puede estar dentro de la historia, que puede ser o no ser el protagonista y hablar de sus experiencias o de las de otros. Las posibilidades son infinitas. La decisión en torno a que el narrador cuente la historia desde la primera, segunda o tercera persona, no es la única elección que debemos de hacer. Como autores, también debemos definir lo que sabe el narrador sobre los acontecimientos, su punto de vista, así como la posibilidad de estar en un solo lugar o en varios, casi simultáneamente. Dependiendo de estas características podemos hablar del narrador: omnisciente, protagonista, personaje secundario y observador.

Narrador omnisciente: cuenta los hechos y se mete dentro de los protagonistas. Se narra en tercera persona.
Narrador observador: cuenta al lector lo que está sucediendo desde fuera, no participa de los pensamientos y sentimientos de los personajes, y sólo tiene la información de lo que se ve.
Narrador protagonista: contará su propia percepción de los hechos y sus sentimientos ante ellos. La ventaja de la primera persona es la capacidad para mostrar las emociones desde dentro y hacérselas sentir al lector.

Una voz narrativa puede afirmar, interrogar, increpar o conjeturar. El uso de una u otra sintaxis (y, claro, uno u otro léxico), contribuye a modular el tono. La combinación de elementos formales con aspectos de la mirada y la actitud de nuestro narrador nos permiten trabajar su voz. Antes de comenzar a escribir esa historia, preguntémonos desde qué punto de vista será contada y cuál será el tono que muestre la voz de quien la narre.

El tono muestra la calidad de voz del narrador, su actitud emocional hacia los personajes y la historia, el mayor o menor distanciamiento que tiene hacia los conflictos, su grado de implicación con los sucesos y su propia personalidad. El registro lingüístico, en cambio, hace referencia al empleo de un determinado nivel de lengua por el narrador y los personajes. Puede ser un registro culto, popular, barroco, infantil, coloquial o de jergas particulares.

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