Así, la poesía no era palabras en una página, sino pájaros en el aire, en el crepúsculo, contra el viento en el aire alto y azul; era árboles, era piedras y manantiales, una faz mudable de cosas que comunicaban un conocimiento que las palabras sólo pueden representar o evocar remotamente.
Kathleen Raine

 

Estos últimos meses ejercitaron diversas fuentes para conectarse y encontrar inspiración para escribir. Experimentaron su cotidianidad de una forma nueva, prestando atención a aquellos detalles que pasaban por alto. También se atrevieron a hacer un viaje a la infancia, a rescatar del olvido al niñ@ interior que todos llevamos dentro, a jugar con sus recuerdos.

Este mes también se trata de un viaje, pero distinto. Buscaremos espacios de conexión con el mundo natural. Desde los primeros tiempos, el arte ha reflejado este vínculo íntimo entre el hombre y la Naturaleza, un diálogo con las formas, los colores, los movimientos. Para muchos escritores, este mundo es el centro de todo lo que hacen, es la fuente de su inspiración.  Allí se sienten libres para reinterpretar el entorno que los rodea, ofrecer a sus lectores imágenes más ricas, desarrollar observaciones personales y reflexiones filosóficas.

Podemos pensar que es más fácil escribir sobre la naturaleza cuando estamos rodeado de ella. Sin embargo, no tienes que salir al campo o adentrarte a un bosque para encontrar inspiración. Puedes intentar visitar un parque urbano si no puedes salir de la ciudad. Considera buscar inspiración en los límites, donde el mundo natural se une con el pavimento; quizás puedas encontrar algo inspirador en esa zona de transición. Tampoco intentes reprimir ningún sentimiento que surja cuando intentes escribir. Sólo escribe sobre ello y observa hacia dónde te lleva.

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